Saltar al contenido

junio de 2014

Aunque, por ignorancia o hasta por mala intención a veces, el feminismo todavía es para algunas personas una suerte de plan de aniquilación de los hombres. O, en el mejor de los casos, el opuesto del machismo, como simple igual desde la otra esquina, en verdad ninguna de esas definiciones hace justicia a dicha categoría.

El feminismo, o los feminismos, en plural, porque no es uno y único el trazado de sus postulados, es, grosso modo, el sostén ideológico, el andamiaje teórico que alimenta la lucha por la emancipación y la igualdad de oportunidades y consideraciones entre hombres y mujeres. Además de contener las acciones, posturas y actitudes que en amplio abanico, y en muchos frentes del pensar y del hacer, ejecuta o plantea en aras de lograr esta equidad. Las teorías de género, un saber todavía relativamente nuevo a pesar de sus ya serios y válidos aportes, encaran el duro reto de ubicar por fin a la mujer en el estrato debido dentro de la sociedad.

En Cuba, una de esas intelectuales, todavía en la edad de sus primeras juventudes por demás, que desde su quehacer periodístico y de investigación ha estado en los múltiples epicentros de esas bregas feministas, es Helen Hernández Hormilla. Licenciada en Comunicación Social de la Universidad de la Habana, ya acumula publicaciones en diversos órganos de prensa nacionales y foráneos, además de haber publicado el título Mujeres en crisis. Aproximaciones a lo femenino en las narradoras cubanas de los noventa, del sello Acuario, perteneciente al Centro Cultural Félix Varela.

Ahora, Hernández Hormilla regresa al ruedo de los libros con la obra Palabras sin velo, bajo los auspicios de la Editorial Caminos. Se trata esta vez de una serie de entrevistas a diez escritoras cubanas, con la inclusión del válido complemento de agregar un cuento de la autoría de cada una de sus encuestadas.

En el prólogo, de la Doctora Isabel Moya Richard, se apunta que el texto se mueve por ámbitos polémicos, como el de la autonomía de las obras de arte en relación con quien la crea. Además, añade Moya Richard, se trata de un libro atractivo desde su planteamiento inicial, porque es, a la vez, “una antología de cuentos, lo que lo sitúa en el plano de la literatura, y una recopilación de entrevistas, lo que lo ubica en el controvertido mundo del periodismo.”

Así pues, en estas páginas hay un variopinto paisaje de las narradoras cubanas contemporáneas, de sus opiniones y, muy importante, de un botón de muestra de las obras que de alguna manera ejemplifican esas mismas opiniones. Los nombres y textos de Mirta Yáñez, Nancy Alonso, Aida Barh, Esther Díaz Llanillo, María Elena Llana, Laidi Fernández, Marilyn Bobes, Milene Fernández, Karla Suárez y Anna Lidia Vega Serova, unen sus voces en este volumen.

A riesgo de incompletas generalizaciones, dentro de la riqueza que aporta este trabajo, hay un argumento por el que apostaría como principal logro. La pluralidad de argumentos y visiones, los tonos diversos de color dentro de un gran retrato, los matices varios, que diferencian, ubican, esclarecen, hasta disienten, todo dentro de un mismo cauce, se alzan como buenas guías dentro de esta investigación. Ese valor múltiple, hallazgo posible en las opiniones y posiciones de cada autora y, al mismo tiempo, dentro de sus propias obras, es quizás la veta mayor a salvar en este haz apretado, singular y a la vez diverso.

Como expresa la propia Hernández Hormilla, este conjunto de narradoras, a través de sus criterios y experiencias, “testimonian los dilemas de una época y, en primera persona, van narrándose a sí mismas, a sus páginas literarias. Se desvisten en palabras para mostrarse tal como son o, al menos, como se sueñan.”

Para los verdaderos seguidores de la literatura cubana, y en especial de sus firmas en femenino, estas Palabras sin velo son un estupendo bocado de buen gusto, sobriedad y variedad de buenos ingredientes. Un logrado cocido con sabor a literatura en mayúsculas, hecha además con voces de mujer.

Volver a El periodista