La Jiribilla · agosto de 2008
y Memorias del Subdesarrollo sigue gustando aúnes extraño que a los 20 años, no se apagó su luzCarlos Varela
En una intensa jornada cultural se celebró el Homenaje al 40 Aniversario del estreno de esa joya maestra del cine universal que es Memorias del Subdesarrollo, del fallecido director cubano Tomás Gutiérrez Alea (Titón). En diversas instalaciones del Complejo Cultural ICAIC, enclavado cerca de una de las esquinas más céntricas de la capital cubana, se realizó este homenaje que devino en hondo recuento y reflexión acerca de la película y que incluyó variadas actividades. Conversaciones con participantes en la filmación, un excelente panel con varias importantes figuras de la crítica y el ensayo, el prelanzamiento de una multimedia sobre Tomás Gutiérrez Alea, una exposición en el Cine Chaplin, así como la exhibición del filme en este mismo cine, fueron algunas de las acciones llevadas a cabo.
En la galería de arte Servando Cabrera se llevó a cabo un panel con la participación de Víctor Fowler, Mercedes Santos Moray y Caridad Cumaná, quienes en tres agudas ponencias, analizaron la película en diversas facetas. En general el tema de la influencia y en especial, de la vigencia de Memorias del Subdesarrollo, fue una constante al analizar los múltiples caminos y lecturas que ofrece la obra en su transcurso.
La película es una ramificada metáfora que busca escudriñar algunos de los muchos laberintos de un proceso social de cruda maravilla y complicada violencia, tal como puede serlo una revolución, siempre desde esa mirada extrañada, aislada, desde la segura protección de su catalejo, según actúa la mirada de Sergio, personaje principal del filme. Ese personaje, de extracción burguesa que decide quedarse en Cuba luego del triunfo revolucionario, enuncia como leiv motiv para su comportamiento, su deseo de ver destruirse a la “estúpida burguesía cubana”, aunque en este proceso vaya implícita su propia destrucción y aunque el instrumento de esa destrucción, una revolución popular, apunte y hasta dispare incluso contra todo lo que este personaje preconiza, representa y tiene como pauta de vida y pensar.
Sin embargo, a pesar de este andamiaje burgués, según expresara Víctor Fowler, el verdadero deseo de Sergio, un intelectual frustrado, es ser un personaje del pueblo, uno de esos seres bailadores, felices, de cerveza en mano, mulata en ristre y presto al baile y a la diversión de modo perenne. Recordando algunas de las secuencias del filme, en especial una que de manera paratextual al inicio, justamente un bailable popular, y que luego se reitera incorporando al protagonista, Fowler analizó los símiles que propone la película. El ensayista destacó que Memorias del Subdesarrollo es un documento íntimamente cubano que propone reiterados regresos, y estableció, utilizando las el ejemplo de imágenes de otras secuencias, una suerte de paralelo entre esta obra de Titón y el proceso revolucionario cubano.
Para Mercedes Santos Moray, la poética de Titón ya denota gran madurez desde La muerte de un burócrata, y continúa en incesante ascenso hasta Guantanamera, su última película. Para mí, expresó la escritora e investigadora, no hay un cineasta mayor que Titón, más sólido, más paradigmático pues su obra es el cine pensado como historia, como país, como conciencia, como legado. La vigencia de esta obra, de estas Memorias del Subdesarrollo, está en que persiste el subdesarrollo, incluso no sólo el material, sino el espiritual, enfatizó Merendes Santos. Su eje fundamental es Cuba, no sólo la que existe sino la que se desea, la que se quiere alcanzar y entonces para esa visión, utiliza el humor, la ironía, ese arte supremo de la de la inteligencia y la sensibilidad: Sólo así puede someterse a crítica lo que más se ama.
Un hombre lúcido es un hombre de pensamiento crítico y si a 40 años de su estreno, esta película todavía nos convoca a pesar de calores y olimpiadas, es porque es una obra honesta, reflexiva y todavía del presente. Titón tuvo la gran suerte de ser un hombre consecuente, y por ello fue lacerado incluso, por su visón crítica, sin hipocresías y sin mentiras, enfatizó la investigadora y escritora.
Por su parte María Cumana, destacó que Titón pretendía desde su obra, obligarnos a realizar una operación intelectual, un ejercicio de pensamiento porque su obras siempre nos provocan nuevas preguntas, nuevos cuestionamientos.
En general, la conclusión del panel sobre el legado de una obra como Memorias, está en su legado ético, en su compromiso con la verdad, con las preguntas como motor impulsor del arte y la creación. Esa es al gran influencia y la gran huella que deja no sólo memorias, sino toda la obra de Tomás Gutiérrez Alea.
En un aparte luego del panel, la actriz y ahora también realizadora Mirtha Ibarra, y que fuera compañera de Titón, nos declaró: “Me parece muy importante este debate que se ha hecho hoy aquí, con mucha profundidad. Importante por la reflexión y porque creo que Memorias marca un hito dentro de la cinematografía, no sólo cubana y latinoamericana sino mundial. Hay no pocas encuestas que se han hecho, por diferentes instituciones en todo el mundo, y Memorias siempre ha estado incluída en esa lista de mejores películas. Y entre los mejores directores del mundo igualmente se menciona a Titón. Hay una reciente encuesta de la revista Times que lo incluye entre los veinte directores más importantes del planeta. Siempre será poco lo que se haga por mantener vivo su espíritu y sobre todo su obra.”
La Ibarra abundó en las actividades que, además de este homenaje, se preparan para cuando se conmemore en Diciembre el 80 natalicio de Tomás Gutiérrez Alea. De las más significativas está la presentación de un libro de la propia Mirtha, basado en el epistolario de Titón, llamado Volver sobre mis pasos, una multimedia que estuvo a cargo de Mercedes Santos Moray y un documental con realización de Mirtha Ibarra, titulado Titón: De la Habana a Guantanamera y que debe presentar también en San Sebastián.
La actriz se refirió también a su incesante labor por el cuidado de la obra del importante realizador cubano: Estamos tratando también de restaurar algunas de sus obras que se han deteriorado mucho por problemas de manipulación y conservación en los archivos. Hace muy poco llevamos a Londres Una pelea cubana contra los demonios, se restauró y fue un éxito increíble. Esa es una película confusa que en su momento no se entendió del todo y Titón lamentaba que no había comprendida a cabalidad porque además a él le gustaba mucho y que además mantienen una actualidad, una vigencia como casi toda su obra fílmica.
¿Y qué pensaría Titón, que hubiera dicho de todo este debate, de los análisis que provoca Memorias del Subdesarrollo cuarenta años después de su estreno, si hubiera podido estar aquí sentado?, preguntamos: La respuesta de Mirtha no se hace esperar y un brillo de ojos y una sonrisa a medias la acompaña:
Creo que diría que es una lástima que siga tan vigente.
Así pues, más que los blandos relojes con que Salvador Dalí quiso representar la persistencia del recuerdo y la memoria, es con imágenes indelebles, con duras realidades de ayer y de ahora, que preservó Titón estas Memorias tan nuestras. Atrapadas desde hace cuarenta años en el celuloide, aún vigentes y en plena vida gracias al arte y maestría con que fueron reflejadas, están las persistencias difíciles del subdesarrollo, las preguntas de siempre, y un retrato de nuestras sombras, cuyas luces, como reza el verso de Carlos Valera, todavía no se apagan.