junio de 2014
Las historias policíacas, aunque todavía algunos atrasados consideran los textos de este género como una suerte de hermanita desfavorecida de la literatura en mayúsculas, cuentan con gran arraigo en nuestro país. En las décadas de los setenta y ochenta, a pesar de algunos exponentes muy panfletarios del patio, demasiado apegados a “lo correcto” y hoy hundidos en el más rampante olvido, las historias policiales de factura nacional tuvieron una amplia cobertura en cuanto a publicaciones en Cuba. Y hay que decir que, además de los autores de intramuros, también un buen número de los clásicos foráneos circuló en letra impresa.
Sin embargo, el omnipresente Periodo Especial trajo lluvias cuyos lodos fueron la drástica reducción de todas las publicaciones. La desaparición de colecciones como Radar, en Letras Cubanas, o Dragón, en Arte y Literatura, entre otras, diezmó considerablemente la presencia de las historias negras, hechas allá o aquí, en las páginas nacionales. Durante los años noventa, y la primera década de los dos mil, con alguna que otra excepción que ahora pudiera huir de la memoria, Leonardo Padura, Daniel Chavarría, Lorenzo Lunar y Amir Valle, fueron de los nombres más destacados en cuanto a la producción y publicación sistemática de historias policíacas, incluso con premios literarios incluidos, dentro y fuera de Cuba.
¿Bueno, y a que viene todo esto?, dirá con justeza quien me haya leído hasta aquí. Pues porque la Editorial Abril, al cuidado de Leopoldo Luis y Rafael Grillo y bajo el título Isla en negro. Historias de crimen y enigma, acaba de publicar una reunión de textos que agrupa, enhorabuena, varios cuentos policíacos, de autores nacionales. Repetimos las palabras del prólogo, que firma Grillo, al enunciar que no se trata de una antología, sino de una selección ubicada en los bordes cronológicos de este todavía de estreno siglo XXI. Y que además, “el énfasis mayor en la selección se colocó en la multiplicidad de variantes formales y en la condición variopinta del argumento de los textos.”
Así pues, como suerte de amplio mapa de algunas de las vertientes que ronda el escrito negro actual cubano, y sobre todo, de las que podría rondar mañana, aparece este libro. Advierten los compiladores, y lo notará el lector avezado en el género, que no siempre los autores pueden clasificarse como escritores policíacos puros, por decirlo mal y rápido. Y a la vez, afirman que esta reunión, y la producción que muestra, defiende la existencia de un Nuevo Cuento Policial Cubano. De las causas y azares que esgrimen para este argumento, invitamos a que los interesados sigan las pistas y transiten el acucioso prólogo, a tono con los aires investigativos caros al género.
Por supuesto que en toda reunión de autores, los habrá buenos y menos buenos, conocidos o no, más publicados algunos que otros. Vale destacar que salvo dos, todos los demás escribas son nacidos después de 1959, dato que supongo influye de alguna manera en los alimentos al imaginario que, para reflejar sus visiones y contextos creados, van a escoger a la hora de narrar.
Algunos cuentos serán mejores, otros no tanto. Pero hay varios puntos a favor que quisiera destacar de este libro. Es amplia la variedad temática, de escenarios y temas en cada obra; la construcción de los personajes es diversa y rica; y como botón de muestra de lo que podría acontecer en un futuro no muy lejano, funciona de buen grado. Además, es una obra que los seguidores del género leerán de un tirón. Aunque, vale advertirlo, y a tono con los nuevos rumbos que toma el policial, no siempre los textos serán narraciones clásicas, dicho esto en el sentido riguroso de obedecer ciegamente determinados cánones implantados por el género. En este libro habrá futurismo, habrá humor, habrá roces con lo fantástico, lo histórico redimensionado, lo sobrenatural, la crudeza del bajo mundo, la literatura dentro de la literatura...
Por lo pronto, como primer paso antes de un futuro largo viaje, resulta muy válido este intento. Los regresos a una producción policial nacional no se producirán sólo con desearlo. Se necesitan impulsos como este. De tal modo, que agarre lupa y pistola y adéntrese en las páginas de estas historias de crimen y de enigma. Esperemos sea este el primer brochazo, mientras se pinta, o se escribe, en más tonos de negro el futuro literario de nuestra Isla.