Synopsis
A sorceress, an undersea warrior, an enchanted steed and a corsair are the protagonists of this story. United by a single aim, to restore peace, they will have to use all their strength and all their gifts to find a way to face a fearsome sorcerer who has sown chaos and destruction across their respective worlds. Dreadful, hidden powers of darkness secretly sustain the merciless enemy. Only with the help of a magical relic of goodness, the Shield of Valnúss, can this band of friends attempt to defy such savage curses.
The five books

Feminine magic can do anything...

The power of will and discipline...

Vengeance and love...

Magic and evil...

The final battle...
In my own words
El Escudo de Valnúss, beyond all the anguish and joy that the writing of a novel brings on its own, had some very particular features. When I had the story more or less sketched out (I usually think a great deal before starting to write, until I have the head and the tail of what I want to tell), something occurred to me that is rather uncommon in Cuba.
Editorial de la Mujer used a special format for cookbooks, household advice and other material of that kind. It was usually a small box holding five books of some sixty pages each. So I asked myself why not use that format for a fantasy story. The novelty would lie in the packaging and the presentation, which offered the chance to do something different. By obvious logic, what was then needed was a novel that would fit the format. The publishing house accepted the idea, and everyone involved worked with complete discipline, dedication and enthusiasm.
Valnúss had, to a large extent, to be written around a factor that could not be forced. Each story had to unfold so as to fit into a predetermined number of pages, since the format of the books and the box could not be altered. A choral text after all, with several protagonists, the individual story of each character also had to carry the general threads and relationships that tied in with the central axis of the novel.
So each of the first four books told the adventures of one of the characters involved, and the fifth then led to the resolution of the whole conflict, which had been unfolding alongside. My training as a journalist helped a great deal. I simply knew in advance that I had about forty typewritten pages to tell each story, and that is what I did. I believe, too, that it was done without unnecessary padding, and without the kind of haste that would distort the characters, hold back information or cut their adventures short.
That was how Zoyla Zilad de Valnúss, Sedna Laiacor, Ira Dulamer and Azor de Versil were born. In the ending the main plots were resolved too, with the exception of one, kept for another possible future novel with similar settings and characters (but different ones, a long time afterwards: no sequels).
El Escudo de Valnúss also sold fortunately, even though its print run was smaller (I seem to remember three or five thousand copies of each box. Even so, it was a great effort: remember that each box held five books, which means separate covers, typesetting and printing for each, besides the box itself). The format worked wonderfully. The printing of the covers and the design by Rainel Cabarroi came out well, given the always limited conditions of our country. The result was a beautiful, original package, and a story, I believe, as attractive as its presentation. I think I can say that no other fantasy novel in Cuba has been written and printed in that form.
The demons of neglect, however, did their part. In some places, someone did not bother to box the books, which is the technical term. And so there were places (I saw them, I was a witness) where the five books, each of which begins and ends in itself but which together form a whole impossible to follow unless all five stories are read, were sold separately. Without reading them all there is no way of understanding the novel completely. So I suppose there are still readers who either understood nothing after reading one or two or three of the books on their own, or who judge harshly the dreadful writer capable of publishing a text with so many loose ends, one that never finishes.
Faced with that, the only thing I could do, and I did it in interviews and occasional appearances in the media, was to insist that they were five books but a single novel. It is unbelievable that initiatives to improve reading and make it more attractive should end up stranded on the laziness and indifference of a few. One day I hope to repeat the experience, so that those possible readers left in limbo can learn how the novel ends. Perhaps then they will judge the writer more kindly.
ALS
Excerpts
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De La magia de la aurora
Un marino, que esperaba pacientemente junto a la salida del camarote, le hizo un gesto a la maga. Sin mostrar sumisión, pero con los ojos posados en el piso en expresión de absoluto respeto, el hombre la guió a través de un estrecho corredor, oloroso a madera y a salitre. Bajo la cubierta del castillo de popa había unas cuantas habitaciones. Al fin, tras cruzar varios pasillos, el marino se detuvo, le señaló una entrada y se esfumó, silencioso.
La muchacha tocó levemente y una voz la invitó a pasar. El salón era de seguro el último de los espacios en esa zona del barco. Una larga pared, con tres enormes ventanales, era la primera vista al entrar al amplio recinto. Dos lámparas en el techo, iguales a la que viera en su habitación, se encargaban de la luz en horas nocturnas. Ahora mismo, una claridad a raudales se adentraba desde el exterior. Un mar de vistoso azul, que de vez en vez exhibía algunos refulgentes burbujeos, se perdía hacia el horizonte, amenazando hipnotizar con su esplendor.
Las cortinas aquí solo ocupaban las ventanas. El resto de las paredes exhibía diversos tapices, con escenas de combates y batallas. Por todo mobiliario, una larga, robusta y muy baja mesa, presidía el centro del lugar. Un mantel de impoluto blanco cubría todo el tablero y se dejaba caer por los bordes, como la espuma de una catarata. Alrededor, sobre una enorme alfombra tejida en delicado mimbre, una miríada de cojines invitaba a sentarse. Varios platos que exhibían frutas y bocadillos ligeros, además de algunas botellas y copas, estaban servidos con notable gusto.
Sin embargo, los rostros de los anfitriones desmentían cualquier posible festejo. En una esquina, el caballo lucía ahora más grande y majestuoso, a pesar de estar echado junto a la mesa. Su verde mirada seguía despacio a la recién llegada. A su lado, la capitana parecía ahora menos impaciente, aunque sus ojos tenían la misma irreconciliable dureza y feroz brillo de antes. La otra, a pesar de la banda marrón encima de sus párpados, sonreía y jugaba con una hermosa fruta roja en una de sus manos. Sus aguzados sentidos ya le habían hecho saber de la presencia de la maga. Con cada movimiento, las minúsculas escamas de su piel brillaban o se oscurecían en diversos matices granas. El caballo, con voz grave, rompió el pesado silencio.
–Pasa, querida Zoria, te esperábamos.
La muchacha avanzó y ocupó uno de los cojines, de frente a la capitana. La mesa era ancha, mas parecía que los relámpagos que brotaban de las pupilas de la enérgica corsaria la quemarían de un momento a otro. Ella misma tomó la iniciativa. A pesar del torrente que semejaba todo su ser, su voz fluyó con absoluta calma y educado tono.
–Zoria Zylad de Valnúss, quiero pedirte disculpas por mi comportamiento de antes. Te reitero que eres bienvenida. Seguro tienes muchas cosas que deseas saber. Es muy posible que, entre todos, encontremos ahora algunas respuestas muy importantes. Por razones que pronto te diremos, es necesario que nos contestes antes algunas preguntas. ¿Estás de acuerdo?
–Solo díganme algo… ¿Dónde me encuentro, exactamente?
–Estás a bordo de mi barco, el Salgari. Navegamos por el Mar del Tigre, con rumbo a las costas montañosas de Fe Mondalia –enumeró concisa la capitana y agregó en voz baja, como si no quisiera dejar brotar cualquier sentimiento de debilidad o de pena en sus palabras–. Y creemos que hace casi un año saliste de tu tierra, pues ese es más o menos el período en que te hemos estado buscando…
Zoria se alarmó, mas de inmediato se llamó a la cordura. No recordaba nada después de los últimos momentos en el templo, salvo un amasijo de sensaciones confusas. Si había trascurrido tanto tiempo en verdad, era un pésimo augurio. Posiblemente nadie quedaba de los suyos. ¿Cómo habría sobrevivido ella? Un pensamiento, casi un consuelo, con la consistencia de una ola blanda y tibia, pareció envolver su mente. Un claro pedido de calma y de apoyo irrumpió en su cerebro. Al levantar los ojos, notó que el rostro cubierto por la venda le trasmitía fuerzas, aun sin decir nada.
–Es lógico que estés confundida, pronto aclararemos todo –el caballo hizo una breve pausa y al instante retomó la idea–. Ante todo, necesitamos saber con urgencia si sabes de algún otro amuleto, además del Elum de tu padre, del que haya podido apoderarse Soltrán…
El nombre la estremeció como una bofetada. Soltrán Sauort. El ambicioso hechicero que intentó hacerse de un poder inmenso, a costa de la traición a los suyos y de aplastar y torcer por la fuerza varias eras de equilibrio. El que había destruido su mundo y quién sabe cuántos otros. Sin embargo, una segunda pregunta surgió enseguida. ¿Cómo podría saber eso este corcel?
Un brote de cólera, dolor y tristeza intentó subir desde su pecho y le interrumpió la reflexión. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, Zoria lo ahogó con esfuerzo sobrehumano. Por entre los tejidos cordones que servían para enlazar el triángulo invertido de su escote, su mano tomó el pequeño talismán que colgaba de su cuello y lo mostró fuera de la blusa.
–Salvo este, no hay ya ningún otro amuleto del País de Reul. Mi padre me lo pudo entregar cuando… –el brote subió con fuerza, y casi la obligó a callar. No obstante, pronto se repuso–. Los Doce Magos del Adar, quiero decir, los once que no traicionaron, lograron impedir que cualquier otro talismán cayera en manos del mal.
Un leve pero perceptible suspiro de alivio brotó al unísono de los ánimos de la capitana y del caballo. La otra mujer se mantuvo tranquila, aunque Zoria pudo sentir que la paz la invadía. El corcel miró curioso la joya.
–Esa es una muy buena noticia… Más adelante hablaremos de eso. Bien, tenemos mucho de qué conversar y ya no es necesario tanto apuro. Entonces, recordemos un poco las buenas maneras, que no es apropiado el momento que vivimos, mas tampoco debemos dejarnos atrapar por la mala educación. Incluso, eso le da ventajas a la sombra –apuntó el de la mirada esmeralda y se puso de pie. Las crines, como largas orlas de un blanco purísimo, ondearon un instante sobre su cabeza.
–Yo soy Azor de Versil, el último heredero del trono de Equianna, mi mundo. Fuimos atacados y saqueados por Soltrán. No he tenido más noticias de mi familia y mi reino, pues después de pelear contra ese brujo, vine a dar a estas tierras. Nos acompaña Sedna Laiacor, una guerrera nativa de Aglas, la ciudad submarina del País de Verne. No puede ver ni hablar fuera del agua, aunque ya habrás notado que no tiene ningún problema en comunicarse, ni en nada más…
La pausa levemente risueña del caballo fue de inmediato correspondida por la guerrera vernara. Una hermosa sonrisa hizo enrojecer un poco las escamas de su piel y un sentimiento de aceptación y camaradería envolvió a la maga. De seguro, como ahora le revelara Azor, los demás también podían percibir cada emanación de la singular criatura subacuática.
–Y esta es la capitana del Salgari… Me parece mejor que se presente ella misma –concluyó y regresó a su puesto en la esquina de la mesa.
La marinera tomó la palabra.
–Mi nombre es Ira Dulamer. Vengo de un poblado pequeño, un puerto llamado Laripse, en las Islas de Rojas, en el Mar Urtor –enumeró, otra vez concisa, y calló por completo.
La maga pensó que debía también hacer una presentación algo más formal. De todos modos, aunque sus anfitriones le habían anunciado el deseo de hacerle varias preguntas, ella también necesitaba saber.
–Pues, ya saben ustedes mi nombre, y al parecer algunas cosas más que yo ignoro. Por ejemplo, ¿cómo he venido a parar aquí, dónde estuve, y cómo me he curado de mis heridas? ¿Qué pasó con mi país? ¿Dónde está Soltrán y qué ha hecho en este tiempo?
Un silencio pesado se apoderó de la habitación. Como obedeciendo a un llamado, Zoria miró hacia Sedna Laiacor. Al instante unas monstruosas imágenes se formaron en su cabeza. Una legión de horribles bestias marinas destrozaba varios parajes. Un sinnúmero de guerreras luchaba sin tregua, pero poco a poco caían derrotadas, y la plaza cedía terreno, no sin grande resistencia. Al final, llamaradas de lava, explosiones que movían gigantescas trombas líquidas y estampidas brotadas de un fondo humeante y ya nunca más acogedor y hospitalario, sepultaban las ciudades de Aglas y Verne en los abismos marinos. El reino de Verne, un mundo que por eras vivió en paz, desaparecía en el mar, mientras sus habitantes huían despavoridos. El rostro de Soltrán Sauort parecía llover desde todas partes, como la viva encarnación de todas las desgracias.
La capitana se puso de pie y caminó hasta uno de los ventanales. Sin volverse, como si el mar pudiera llevarla al mismo sitio de sus pensamientos y recuerdos, hizo su historia.
–Mi país está formado por varias islas, donde vivía un grupo de diferentes clanes. Islas de Rojas es su nombre. Fue tomado hace tiempo por las fuerzas oscuras. El líder de uno de los dominios, el más poderoso, Gad Nitsau, se dejó engañar por Sauort. Intentó conquistar todo el archipiélago y proclamó su superioridad divina, por medio de engaños, del terror y de la magia que ese brujo le mostró. Nos discriminaron y nos esclavizaron. Nos trataron de inútiles e inferiores, por no ser de la raza de su clan y porque, además, allí vivían los ancianos que ya descansaban en espera del final de sus vidas. Después apresaron a aquellos guerreros que tenían hijas y no hijos que sirvieran para la guerra. Así pasó con todas las islas. Las sojuzgó y condenó a sus habitantes por los más absurdos y crueles motivos. Mi padre, aunque ya era un hombre viejo, se convirtió en el líder de una rebelión y organizó una revuelta, con la ayuda de varios marinos y mucha gente de todos los lugares de Rojas. Peleamos con valor, mas la represión siempre ha sido muy feroz. Al final, ese demonio de Soltrán apareció y nos causó mucho daño. Mi historia termina en este barco, tras del brujo, pues algo le interesa en donde quiera que haya mar. Hace mucho que no sé nada de mi tierra, ni de la marcha de nuestra rebelión…
La capitana había regresado de la ventana y miraba fijamente a la maga. El caballo sacudió la cabeza y sus ojos grandes y verdes enviaron un mensaje a Ira, que calló de nuevo. Entonces Azor volvió a hablar.
–Escucha, Zoria. Tal vez no lo sepas, pero Sauort engañó incluso a los magos que regían en tu tierra. Llevaba muchos años fraguando sus planes y en ese tiempo logró prepararse para sojuzgar nuestras naciones. Cuando se sintió lo suficientemente fuerte, entonces atacó a los tuyos. Sabemos que peleaste contra él en el templo Adar. Pero justo ahí quizás están algunas de las respuestas que ahora necesitamos. Soltrán es un muy poderoso hechicero y no pudo derrotarte. Está en busca de uno de los más poderosos talismanes del mal que hayan existido jamás. Y también quiere el Escudo de Valnúss. Necesitamos saber dónde está y para qué lo quiere…
La maga pestañeó asombrada. Azor sabía mucho. Era evidente que entendía de magia. Hasta hacía muy poco tiempo… En verdad, hasta el tiempo inmediatamente anterior que Zoria recordaba, desconocía por completo la existencia y todo lo concerniente a dicho objeto. Aunque, sea justo decirlo, no lo ignoraba, sino que sus menciones se atribuían a las leyendas.
De niña, su madre le había contado todas las versiones acerca del origen, el uso y el poder del Escudo de Valnúss. Una reliquia hecha con alma, carne y poder de los dioses del bien. Una fuerza inconmensurable, aunque intangible, como cualquier otro mito. Sin embargo, su propio padre, ya herido de muerte, le confirmó la historia. El Escudo de Valnúss existía en realidad. Y quizás, era mucho más importante que lo que todas sus leyendas podían anunciar.
–¿Cómo sabes todo eso? Hasta hace muy poco, yo misma ignoraba todo acerca de ese tema…
El caballo desplegó los belfos en algo parecido a una sonrisa.
–Es largo de contar… Con mucho gusto te diré todo lo que sé. De todas formas, en respeto a nuestro derecho de anfitriones, quisiera pedirte, por favor, que tú nos relates primero tu historia.
–Acepto –respondió la muchacha y por primera vez sonrió. La amabilidad de Azor la hacía sentirse segura. La maga se acomodó en su cojín, bebió un breve sorbo de licor, y se dispuso a hablar–. Escuchen…
Launches and signings

Press
Details
- title
- El Escudo de Valnúss (The Shield of Valnúss)
- genre
- Heroic fantasy
- publisher
- Editorial de la Mujer
- year
- 2015
- format
- Boxed set of five volumes
- cover
- Illustration of every cover and of the box: Rainel Cabarroi
- rights
- Available for editions and translations outside Cuba. Rights enquiries · derechos@antoniolopezsanchez.art