Nota de contratapa
La sorprendente y masiva participación que tuvo el I Concurso Internacional de Minicuento El Dinosaurio 2006 -a la vez, la quinta edición de este Concurso en su carácter nacional-, creado por el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, con el auspicio del Centro Provincial del Libro de Sancti Spíritus y del Instituto Cubano del Libro, es una prueba palpable del interés y el atractivo de este singular evento para escritores y amantes de la literatura en general, y del minicuento en particular.
Mil doscientas doce obras se disputaron el Gran Premio. Junto con los autores nacionales, participaron escritores de países como Argentina, Chile, Bolivia, Venezuela -entre los latinoamericanos-, o Inglaterra, España, Bélgica, Alemania -entre los europeos-, y algunos de lugares tan remotos como Australia, muestra de que la noticia de nuestro concurso llegó prácticamente a todos los rincones del planeta y de que El Dinosaurio llegó para quedarse y para darle al minicuento cubano carta de ciudadanía internacional.
Ficha
- título
- Nota de prensa y otros minicuentos
- autoría
- Varios autores
- género
- Narrativa
- edición
- Editorial Cajachina, Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso
- año
- 2006
- cubierta
- Ilustración de Michele Millares Hollands
- incluye
- Sin segundas partes, de Antonio López Sánchez
Fragmentos
Sin segundas partes
Y comienza la aventura. El muchacho, por supuesto rubio y musculoso, está amarrado en una silla, bajo una luz, en el centro de la fábrica abandonada y llena de tuberías y vapores y válvulas. El psicópata terrorista, por supuesto un ruso-negro-árabe-chino-judío-comunista-talibán, con un traje impecable que no se arruga jamás y una risa aterradora, apunta a la cabeza del muchacho con una pistola gigantesca. Y le cuenta, sádico, cómo engañó a su novia, por supuesto una rubialtasilicónicaentacones, y que ella lo ha dejado por él. Que el mejor amigo siempre trabajó para los malos; que el policía cumplidor es el corrupto y lo ha vendido.
Afuera, los bandidos atacan. El avión con los rehenes ya no tiene combustible. El antídoto para la epidemia viene en camino. Y en el edificio más céntrico, el más lleno de civiles inoportunos, justo tres lumínicos segundos antes de la explosión, el experto antitodo, que por supuesto es el descarriado y borracho compañero del muchacho, ese al que quitaron la placa y la pistola pero vuelve cuando más se le necesita, se decide al fin y corta el cable rojo.
Entonces, los bandidos se llevan el arca, el grial, el cuadro, la fórmula, el dinero. El avión con los rehenes se estrella y destroza la mitad de la ciudad. El antídoto se derrama, se evapora en el camino y mueren de la epidemia todos los enfermos. El amigo enemigo se queda con el dinero robado y se muda con el policía corrupto a una playa tropical. La novia engañada se casa y es feliz por siempre con el psicópata. Y al fin, el experto antitodo, vuela con la otra mitad de la ciudad en la explosión del edificio céntrico y populoso. Todo eso, después que el muchacho, sin lograr escaparse, sin primera ni última pelea, recibe tres heridas, siete golpizas y diez balazos en la cabeza, que además de matarlo, lo invalidan sin remedio para la segunda parte.
Los textos literarios se publican siempre en su idioma original, el español.
Con voz y voto
Como en otros asuntos escriturales, debo mi acercamiento al reino de los minicuentos al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, del que soy orgulloso graduado. Además del Concurso Internacional de Minicuento El dinosaurio, que rinde homenaje al genio de Augusto Monterroso, estas narraciones cortas son materia habitual de estudio en las clases del Centro.
Por otro lado, desde el respeto indecible a los verdaderos humoristas, alguna que otra vez he incursionado en las lides del humor. Aunque no sean abiertamente cómicas o hechas desde el directo objetivo de hacer reír a sus lectores, en varias de mis obras literarias hay un innegable aliento humorístico o, al menos, en ironía o sencillo choteo. En esencia esta es la génesis y alquimia de una obra como Sin segundas partes.
Escrita para concursar en el certamen que convoca regularmente el Centro Onelio, a pesar de no obtener premio, ganó al menos la fortuna de incluirse en esta antología. Unos años después hice una versión algo mayor, pues el concurso exige una obra de menos de veinte líneas en la cuartilla. Sin embargo, por respeto, tanto al participante que hizo esta versión inicial, como a la obra publicada, aquí se ofrece tal y como concursó.
Por cierto, una herencia de mis estudios en el Centro Onelio fue que de vez en vez las musas me han regalado algunos otros minicuentos que he ido acumulando. Además de alguna que otra publicación en las redes, gracias a esos mínimos relatos, dos veces alcancé a ser finalista en lides literarias. Una, fue en una singular batalla de minicuentos, hecha con lecturas en vivo y con los votos del público y de dos jurados en Camagüey, en una de las actividades del Premio Ballagas, al que me invitara esa provincia. La otra, fue una edición del propio concurso El dinosaurio, donde sí alcancé a ser finalista. Quizá alguna vez, los minicuentos que acumulo, de fantasía, horror, pensamientos filosóficos y otras hierbas, alcancen a llenar un pequeño volumen. Por ahora, aquí va este, en tono de remedo a esos códigos habituales en los filmes de acción.
A. López Sánchez