Nota de contratapa
¿A qué mujer le cantan nuestros trovadores? ¿Han cambiado o crecido las mujeres reflejadas en esos retratos cantados? La Nueva Trova Cubana, en diálogo permanente con la sociedad, desde sus obras ha aportado reflexiones, opiniones y posturas sobre no pocos de nuestros más importantes debates colectivos. Si bien el amor ha sido el caballo de batalla entre las temáticas de las obras trovadorescas, otros asuntos también han sido objeto de la visión artística de esta vertiente creativa.
El análisis sobre fenómenos como la inserción social femenina, la sexualidad individual y de la pareja, la prostitución, las rupturas sentimentales, la infidelidad o los amores homosexuales, por solo citar algunos ejemplos donde no falta la presencia de la mujer, ha tenido su espacio en los textos trovadorescos y se diseccionan en estas páginas. Además, se trata de canciones que, no solo obtienen su valor por sus posturas éticas y argumentales, sino por la altísima calidad artística, musical y literaria con que han abordado tales contenidos.
Ficha
- título
- Convertida en canción (La imagen de la mujer en los textos de la Nueva Trova)
- género
- Ensayo
- editorial
- Editorial Capiro
- año
- 2019
- cubierta
- Ilustración de Ramón Eduardo Haití
Fragmentos
Y el río cantando siempre
Quiero una canción que me sustituya
Augusto Blanca
Mujeres y canciones, desde tiempos ya inmemoriales, han sido un dueto inseparable. El canto estuvo presente en la historia de la humanidad casi desde sus primeros intentos de barruntar palabras y sonidos ordenados. La convocatoria a las deidades, la exteriorización del miedo, las dudas, las alegrías, los sentimientos, en fin, tomaron vida sonora desde las gargantas humanas de todas las épocas. Para trabajar, para sembrar o remar con más ímpetu río arriba, con rumbo a esa eterna espiral que semeja la existencia, cantar resultó un acto tan natural como el propio vivir. La mujer, naturaleza, diosa de la fecundación, mágica dueña y señora de las cosechas y las lluvias, retrato de miles de deseos y amparos, madre, amada, compañera, nos acompañó desde siempre como motivo de inspiración.
Un poco de imaginación poética nos bastaría para afirmar que vivimos rodeados de mujeres. Hay algunas tangibles, hechas de empeño y amor y carne y hueso. Hay otras que nombramos como invocación, como camino a nuestro lado, como orilla o como horizonte. Si pensamos en que la vida, la música, la poesía, la propia canción (y la soledad, la tristeza, la misma muerte), son, más que diosas o milagros, sencillamente mujeres, se desbordan entonces los motivos para volverla inspiración, arte y canto.
Por otro lado, la trova en Cuba es una vertiente creativa de ya muy larga data. Desde mediados del siglo xix hasta hoy, en pleno xxi, este singular modo artístico de componer ha tenido, a la vez, muy asentadas y constantemente vivas y cambiantes raíces. Sin embargo, la mujer, destinataria del amor en todos sus colores y formas, se mantiene incólume como el más recurrente y amplio de los motivos de inspiración. Desde sus lejanos orígenes caballerescos medievales, hasta plantarse en esta ínsula, Eva estuvo siempre en el epicentro de la canción trovera. Aquí, desde la llamada Trova Tradicional hasta las ya varias generaciones que han dado vida a la Nueva Trova, cantarle a la figura femenina, en las mil y una maneras posibles, forma parte insoslayable de los motivos trovadorescos. El amor sigue siendo, sin dudas, el tema mayor.
No huelga recordar que una de las razones de esa constancia descansa sobre el hecho indiscutible de que la trova cubana ha sido y sigue siendo una sola. A pesar de sus lógicas diferencias de estilos, contenidos y contextos a lo largo del tiempo (y de las imprescindibles marcas particulares para su estudio y caracterización), nuestra canción trovera ha mantenido invariables una serie de rasgos distintivos que permiten la afirmación. Desde Sindo Garay hasta el más joven de los cantores de hoy, los temas, objetivos y esencias permanecen inalterables.
Para el marco de esta investigación, resulta pertinente hacer algunas aclaraciones conceptuales. En tanto el Movimiento de la Nueva Trova (MNT) fue la organización que congregó desde el año 1972 hasta 1986 a los trovadores cubanos, la Nueva Trova no es un movimiento formal sino cultural. La Nueva Trova es la herencia, continuación y enriquecimiento, a partir de nuevos valores éticos, estéticos y artísticos, de una tradición que en Cuba tiene sus orígenes aproximadamente en la segunda mitad del siglo XIX. Dichos orígenes fueron intensamente cultivados y desarrollados por la llamada Trova Tradicional y, más tarde, continuados y ampliados por el movimiento musical del filin, a partir de las décadas del 40 y el 50 del siglo XX. Después de 1959, esta herencia se amplió vigorosamente, al calor de la incidencia de disímiles factores internos y externos, y ha seguido evolucionando hasta nuestros días. Los debates acerca de si la Nueva Trova sigue hoy siendo nueva o no, son buena harina, pero para otros costales que por ahora, en estas páginas, no abriremos.
Por otro lado, aunque todavía se levantan bastantes escollos en esa senda, la posición de las mujeres en nuestra sociedad y tanto sus desempeños en todas las esferas posibles del quehacer humano como sus logros, han cambiado de modo notable en las últimas décadas. Sin que todavía estén logradas todas las metas posibles, es constatable que ellas han ido ascendiendo poco a poco en busca de la verdadera equidad de oportunidades y en sus capacidades de aportar. En este acápite, resulta importante mencionar el notable aumento experimentado en la presencia de las trovadoras que, por supuesto y a tono con los tiempos, a través de sus obras también cantan y celebran sus percepciones, resultados y anhelos.
El caso que nos ocupa en esta reflexión será el referido a la imagen de la mujer en las canciones de la Nueva Trova. Sobre el tema, como somera hipótesis, es posible afirmar que también han sucedido notables evoluciones en los modos de representar a la mujer, durante los ya varios años y generaciones que acumula de existencia esta vertiente artística. Dicho así, puede sonar al todavía no bien ponderado descubrimiento del agua tibia. Sin embargo, basta con echar una ojeada alrededor para percibir que en otros géneros musicales, cubanos y foráneos, no se ha registrado este proceso.
Todavía puede ocurrir, y de hecho ocurre, que en no pocas creaciones, diz que artísticas, se sigue cantando a una mujer que no se parece a la que se pretende, en ese soñado mejorar que deseamos para la sociedad cubana. Incluso, la mujer que se pretende, a veces no es un ideal y en ocasiones ya existe. No obstante, para muchos autores, sus musas destinatarias siguen siendo apenas las habituales receptoras pasiva de elogios y galanterías, en puro halago sólo dirigido a la perecedera belleza, en el mejor de los casos. En otros, el peor y que por desdicha abunda, la inspiradora es simplemente tratada como un objeto destinado a las satisfacciones de toda laya del “creador” que las toma como motivo y que, en lugar de componerla, más bien comete una canción.
Por obvia lógica, el de estas páginas es un análisis harto complicado y de innumerables y complejas aristas. De hecho, hay sitios en este mundo donde no hay todavía una preocupación sistemática, no ya hacia los artistas, sino en sus políticas nacionales y proyecciones gubernamentales para situar a las mujeres en posiciones o desempeños mejores. Hay también diversas vertientes musicales y creativas que no han tenido la extensa tradición, la profundidad en calidad y propuesta, así como las singulares características y metas que ha tenido en Cuba la trova desde sus orígenes hasta la actualidad. Además, hay quienes no se interesan por estar a tono con el pensar más genuino y progresista de la sociedad, por la creación de un arte verdaderamente consecuente y comprometido.
Vivimos en un mundo donde la entronización de la más brutal, descarnada y total bobería se eleva y difunde a los cuatro confines del planeta con la categoría de suceso artístico. La estupidez y la insignificancia se amparan en el apabullante despliegue de una maquinaria publicitaria sin precedentes en su alcance y en sus enormes posibilidades de inversión y ganancia económicas. A todo esto, se suma la sempiterna conveniencia del stablishment dominador de no preocupar demasiado a las masas de consumidores con problemas que los hagan pensar y requerir por soluciones. Es preferible que se olviden del mundo mientras corean pegajosos y ligeros estribillos que cambian cada semana. Así pues, puede parecer un poco utópico hablar de temas como la equidad de género o la profundidad artística de una obra. No obstante, a pesar de todo resulta necesario salir al ruedo, aunque los gigantes se vendan cada vez más como mansos, tontos o groseros molinos.
En Cuba, entre la espada del mundo global e híper comunicado donde hoy vivimos y la pared de nuestros particulares contextos, muchos de los anteriores padecimientos en la esfera creativa ya nos afectan. Nuestro país tampoco escapa a la existencia (y por desgracia enorme difusión) de cierto “arte” para nada alineado con preocupaciones como la buena poesía, el reflejo de temas alejados de lo vulgar y lo intrascendente o preocupado con algo que no sea venderse a sí mismo y sobrevivir tanto como pueda. Tristemente, cada vez crece más entre nosotros la presencia de ídolos musicales que apoyan sus letras en el machismo, la soberbia, la violencia y en la legitimación del dinero y de la fuerza como valores sólidos o como modo triunfante de vida.
Sin embargo, hay otras manifestaciones artísticas que han sido más consecuentes con la búsqueda de horizontes mejores y donde siempre aparecen legítimos autores. Dentro de la buena música nacional, aunque otros ámbitos también lo han hecho a su modo, resulta innegable que la trova es la vertiente creativa que con más amplios y plurales horizontes ha cantado a las mujeres. Dentro de esa historia, es en la Nueva Trova en específico donde se alcanza el mayor poder de síntesis y proyección de toda esa herencia musical y poética. La tradición se sumó a diferentes factores de índole social y musical, surgidos en el contexto donde le tocó aparecer, desarrollarse y luego crecer hasta nuestros días a esta corriente artística. Esa portentosa mixtura de evoluciones, han llevado a la Nueva Trova a un muy alto plano de calidad y realización.
Es en la Nueva Trova donde se hará más tangible y variado el reflejo, con luces y sombras, de los progresos y nuevas posiciones de la mujer en nuestra sociedad. A través de sus obras, desde la inspiración de sus más renombrados iniciadores y de los que les han sucedido en las siguientes generaciones, hubo crecimientos, diálogos y marchas en paralelo, entre los avances femeninos y el desarrollo de la propia canción trovadoresca. El apoyo militante, el debate cuestionador, la crítica por lo que falta, lo atrasado o lo torcido y hasta la sugerencia de mejores (o de simplemente otros) caminos para marchar hacia adelante todavía más lejos en la equidad, se han cantado desde las poéticas troveras.
Por supuesto, no hablamos aquí sólo del avance, digamos evidente, en diversos rubros. Ese es fácilmente verificable en cifras estadísticas que cuantifican el número de mujeres participantes en todos los sectores de la estructura social cubana en las últimas seis décadas. Este desarrollo es visible también en la parte política y gubernamental del país, a través de la promulgación de leyes a favor de la inclusión y en contra de la discriminación de género. Asimismo, hay participación oficial en eventos de diversas organizaciones femeninas, el país forma parte de convenciones y acuerdos internacionales y son tangibles un sinnúmero de acciones de índole nacional o de alcance internacional.
Hablamos de la participación directa y palpable de la mujer en todas las esferas de la vida, las más públicas y las más íntimas. Hablamos de su presencia angular en las acciones cercanas al devenir social como nación pero también en las individuales, sean trascendentales para la historia o sean las indispensables, incluso mínimas, para cualquier día de cualquier existencia. Esa existencia, de la cual el arte es el más auténtico reflejo y la retrata en sus más oscuros o luminosos rincones.
Si se aplica un sencillo análisis a las letras de las canciones de esta vertiente, desde la Trova Tradicional hasta las diferentes generaciones de la Nueva Trova, se harán claramente visibles esas evoluciones en las poéticas, los temas y modos de reflejar a la mujer. Así que, junto con tal afirmación, este trabajo intenta demostrar la presencia de una perspectiva de género evidente en las letras de las canciones de la Nueva Trova y en su tratamiento de la imagen de la mujer como motivo de sus obras. Puede que esta sea inconsciente, obviamente influenciada, derivada de las lógicas del pensamiento y el contexto de cada época, así como de otras condicionantes sociales y de la historia, pero existe. En todo caso, si no hubiera una real perspectiva de género, conceptuada y sabida, al menos hay la intención manifiesta de cantar, de reflejar y hasta de ayudar a hacer posible a una mujer diferente, y eso es mucho más de lo que por ahora pueden siquiera soñar algunos lugares y géneros musicales. Sobre este concepto, la perspectiva de género, se abundará más adelante en las páginas que siguen.
Por supuesto, tal tema es merecedor de una investigación mucho más profunda y abarcadora que el estudio que ahora proponemos. No obstante, vale el acercamiento a tan vasto campo para plantar al menos algunas primeras señales y banderas. Tal vez la mayor limitante que podamos enfrentar, además de las posibles canciones que escapen a nuestro conocimiento, es la propia posición ideológica del escriba que firma estas palabras.
Por pura honestidad intelectual, y humana, para nada podemos declararnos como hombres del futuro, libres de todo presente y de todo atávico pasado. Quien asume este empeño, aunque a favor de las libertades en plural, no logra escapar de muchas de las construcciones hegemónicas que establece el machismo y de ciertos códigos, comportamientos y pensares que desde la era prehistórica hasta hoy han sido grabados a fuego en el lomo de los tigres. Sin embargo, esta misma postura no impide que uno sea también lo suficientemente honesto como para reconocer lo endeble, lo tradicional y lo caduco de muchos de esos mismos códigos, pensares y comportamientos.
De cualquier modo, aunque uno no pueda cambiarse del todo desde el arte, sea desde la canción o desde un libro de investigación, puede quizás ayudar en algo a que cambien los demás. Este autor se declara, inevitablemente, todavía machista. Habrá de seguro algunos, o muchos, trovadores que lo sean. Pero resulta al menos ya un buen paso que haya no pocas canciones emancipadoras y capaces, a veces, hasta de ser más libres y de llegar más allá de las limitaciones reales de sus propios autores. Ese es un muy buen camino inaugurado y que hay que seguir abriendo y asentando.
Por otro lado, luego de pensar las rutas a seguir para descifrar en algo la imagen de la mujer en las canciones de la trova, surgía otra interrogante, derivada también de esos avances que ya hemos esbozado. A lo largo de los años, ha aumentado significativamente el número de trovadoras en activo. Estas se han convertido en una fuerza sólida y de innegables aportes y calidades en la historia trovera de las últimas décadas. Por lo tanto, era necesario también evaluar sus obras y sus visiones desde su posición como mujeres. Varias consideraciones debían tomarse en cuenta. ¿Enfocarían igual determinados temas las trovadoras? ¿Cómo sería el reflejo de sí mismas en sus canciones? ¿Existiría un modo diferente de componer entre trovadores y trovadoras? ¿Se asumirían a sí mismas desde una perspectiva de género?
Así pues, junto con el análisis ya descrito, se hacía necesario también escrutar las letras de las canciones de algunas entre las más importantes cantoras. Así podríamos descubrir entonces posibles semejanzas, diferencias y otros matices de interés y sumarlas a todo el conjunto de criterios, historias y respuestas que conforman este libro.
Tal labor, quizás mucho más ardua que la ya propuesta, complejizaba este trabajo y casi era contenido como para una investigación mayor y hasta independiente. Por ello preferimos sólo en casos muy puntuales citar algunas obras femeninas capitales, y algunos ejemplos evidentes encontrados al paso de las investigaciones. De cualquier modo, es una puerta ya abierta y por la que incluso hemos atisbado. En el libro de entrevistas Trovadoras (Editorial Oriente, 2009), protagonizado por las voces de varias de las más importantes cantoras cubanas, ya intentamos responder algunas de esas inquietudes. Queda para los tiempos venideros, y quizás para otras personas o investigaciones, dar una mirada más profunda en esas estancias.
Valga destacar, una vez más, que no es pretensión de este trabajo establecer separaciones, ni divisiones de ninguna índole acerca de posibles superioridades de la obra hecha por trovadores con respecto a las de sus homólogas, o viceversa. Como igual se afirma, y este investigador también sostiene, que la trova en toda su historia es una sola, asimismo es una sola la calidad de sus creaciones, aunque la firmen hombres o mujeres.
De igual modo, no se pretende generar separaciones, ni escaños con diferenciaciones de aire discriminatorio o excluyente hacia uno otro sexo. Esta investigación propone sencillamente una manera de acercarse con más profundidad a varias aristas de una historia que marca importantes huellas en nuestra cultura. Para conocerla mejor, para entenderla mejor y saber cómo puede crecer aún más en lo por venir.
Resulta necesario apuntar, además, que es poco menos que imposible abarcar todas las temáticas, digamos subalternas, por las que incursiona la producción trovadoresca, sea de la autoría de hombres o mujeres. Por ello usaremos algunos indicadores, ya utilizados en investigaciones de otros autores o readecuados a los fines de esta, a fin de reducir un tanto el análisis a elementos específicos dentro de dichas temáticas. Para cada uno de estos indicadores utilizaremos diferentes ejemplos, en las ya varias generaciones que integran a la Nueva Trova como movimiento cultural, que puedan resumir, en la obvia medida de un objeto artístico como lo es una canción, los argumentos e ideas señalados en cada caso. De cualquier modo, sin definir acápites cuantitativos, sépase que ha sido muy alta la cifra de discos, autores y canciones escuchados, leídos, cantados a veces, sentidos siempre, a conciencia y placer durante años. Los mismos que ahora ayudan en el sostenimiento y justificación de todo este análisis.
Por último, quisiéramos destacar que esta no es una disección hecha desde puntos de vista filológicos o a través de valoraciones técnicas sobre versos y redacciones. Más bien, es una especie de pesquisa detectivesca, una luz para descubrir los detalles y colores de las mujeres que habitan nuestras canciones trovadorescas.
Entonces, hechas ya todas las aclaraciones y señales pertinentes, entremos en materia.
IV · Lunas rotas
No vivo en una sociedad perfecta
Pablo Milanés
La humanidad ha encontrado tradicionalmente en el arte muchas de sus mejores preguntas, respuestas y reflejos a determinadas situaciones de la vida, por escabrosas que sean. En el caso de la canción de la Nueva Trova hay también creaciones que abordan problemas singulares, más complejos y de difícil tratamiento. En ese marco se encuentran las diferentes composiciones que tocan el tema de la prostitución.
Como es obvio, se trata de un asunto que atañe de modo directo a las mujeres. Nuestros autores han afrontado estas cuestiones sin prejuicios y con pensamiento abierto, hondura poética y seriedad, por lo cual creemos muy pertinente el incluirlos dentro de este bosquejo temático. En la canción hay ejemplos de diferentes miradas, algunas mejor logradas que otras, pero en general con ese espíritu reflexivo, crítico y cuestionador que caracteriza a la trova.
Ya un creador como Sindo Garay se sensibilizaba con el tema del amor rentado, en tiempos de la Trova Tradicional:
No hay en el mundo desdicha alguna
cual la que alcanza la meretriz;
madre sin cuna que tiene por fuerza
que ser actriz...
Canta aunque sienta crueles dolores,
ríe sufriendo pena mortal,
y canta y ríe fingiendo amores
que la sumergen más en el mal.
Meretriz número 1 (Sindo Garay).
Como es sabido, la seria crisis económica que se desató en Cuba luego de la caída del campo socialista, trajo aparejado el resurgir de determinados problemas sociales que, o se habían erradicado en gran medida, o estaban en niveles mínimos de incidencia. Entre esos sucesos, se reportó la existencia de mujeres dedicadas a ejercer la prostitución y el emerger de diversos negocios ilícitos asociados al acto.
No obstante, ya en un tema como Rayas blancas, de la autoría de Carlos Varela, había un cierto destaque de la ocurrencia de relaciones sexuales, si no pagadas, al menos como moneda de cambio en busca de beneficios. La canción, no editada en disco, se refiere a una época algo lejana de la crisis económica de los noventa, aunque se dio a conocer por aquellos años según recordamos de algunos conciertos. Veamos la letra.
Te quedaban bien esas rayas blancas
en el borde de la saya azul
y aquellas libretas forradas
con revistas
que nunca tuviste tú.
Y en los pupitres del viejo colegio
rayabas tu nombre en un corazón
y los maestros solo te ayudaban
con tus malas notas
si le hacías el amor.
Te quedaban bien esas medias blancas
casi al borde de la saya azul.
Íbamos a ver a Los Almas
cuando yo tenía
el pelo como tú.
Y en las ventanas del viejo colegio
quedaron las huellas de nuestros pies
y los muchachos locos se sabían
todas las canciones
de la WQAM.
Te quedaba bien esa blusa blanca
por afuera de la saya azul.
En la escuela nunca dejaban
ponerte la ropa que quisieras tú.
Por eso afuera del viejo colegio
me mojaba el pelo con los demás
y parecía que éramos muy buenos,
hasta el fin de curso,
hasta que no te vi más.
Te quedaban bien esas rayas blancas
en el borde de la saya azul
y aquellas libretas forradas
con revistas
que nunca tuviste tú.
Y en los pupitres del viejo colegio
rayabas tu nombre en un corazón
y los maestros solo te ayudaban
con tus malas notas
si le hacías el amor.
Debe ser casual que te han visto
varias madrugadas
saliendo
del lobby de un hotel.
Rayas blancas (Carlos Varela).
En este caso, la protagonista de la canción, una colegiala que aún usa rayas blancas en su saya azul, antiguo uniforme preuniversitario de los años setenta, solo recibía las aprobaciones escolares a cambio de favores carnales. La letra, primero, alarga un tanto y reitera esa primera idea de la ingenuidad propia de los años que describe. A la vez, como hiriente oposición, ya anuncia los actos de la protagonista para mejorar sus notas. La última estrofa rompe toda posible remembranza y, en contraste brutal con la bucólica imagen de la vida anterior, actualiza el contexto. El final revela sin adornos el destino presente de esta muchacha. De paso, como áspero preludio, augura la crudeza de la vida futura en la nación.
Cabe aquí señalar, aunque rebasa los límites de este trabajo, que otras clases de prostituciones, quizás algo más alejadas del sexo pero no de lo económico (como el cambio de actitudes y comportamientos en función de obtener o mantener determinadas ventajas o cargos), también han sido abordadas por la obra trovera. Recuérdese un tema como Metamorfosis, del disco Para mañana, grabado en 1988, de Santiago Feliú, por solo citar un ejemplo. Una de las estrofas cuenta: Llegó lleno de ilusión, pero lo atrapó la mierda y se acostumbró / un carro, una secretaria y un gran buró, pusieron un candado cerrado en su imaginación.
Igual, está aquella alerta de Silvio Rodríguez, en Bolero y habaneras, del álbum Oh, melancolía, de 1988. Una muchacha, por una chapa HK (indicativo que evidenciaba la presencia de un automóvil de algún extranjero o de alguien con un estatus económico más elevado que el del ciudadano común), tuerce el camino, y se perdió del Morro. El trovador recuerda que quien hace altar de la ganancia pierde la condición, la latitud, el puesto, y pierde amor pues la codicia muerde. De tal modo, quien se cree astuto porque ha logrado acumular objetos, al costo de ganar prebendas y poderes en detrimento de sí mismo, y de los demás, es, como afirman los versos del tema, un pobre mortal que desalmado y bruto, perdió el amor y se perdió el respeto. Aunque, en matices necesarios que huyen de lo monolítico en blanco y negro, en la misma obra Silvio destaca que, si se trata de amores verdaderos, no importan entonces ni fronteras ni diferencias de cualquier tipo, y tratar de detenerlos es pretender parar el universo.
Sobre el amor rentado, hay varias canciones. Que tengamos conocimiento, sí ha sido hasta ahora un asunto reflejado casi exclusivamente por hombres. Aunque, en entrevista personal, la trovadora Niuska Miniet se refirió a la posibilidad de componer obras que reflejen la vertiente masculina de la venta del cuerpo. A la autoría de Silvio Rodríguez pertenece uno de los quizás más conocidos temas que abordan la prostitución femenina. Como es habitual en el compositor, la reflexión se alza desde la poesía y el respeto a la imagen de la mujer, a pesar del sesgo crítico y hasta compasivo del texto.
Se abren las flores nocturnas de Quinta Avenida
para esos pobres señores que van al hotel.
Flores que rompen en la oscuridad,
flores de guiños, de complicidad,
flores silbando suicidios,
flores de aroma fatal.
¿Qué jardinero ha sembrado la Quinta Avenida
con variedad tan precisa de nocturnidad?
¿Cuál es su especie y cuál su país?
¿Qué fino aroma nutrió su raíz;
dándoles tono silvestre?
¿Dónde estará su matriz?
Flores que cruzan las puertas prohibidas,
flores que saben lo que no sabré,
flores que ensartan su sueño de vida en guirnaldas sin fe.
Flores de sábanas con ojos,
flores desechables.
Campanillas del antojo.
Flores sin primavera ni estación.
Flores comiendo sobras del amor.
Brotan, rebotan, explotan por Quinta Avenida;
son arrancadas y parten con aire veloz.
Dicen que es duro el oficio de flor
cuando sus pétalos se ajan al sol:
Pálidas flores nocturnas.
Flores de la decepción.
Flores que cruzan las puertas prohibidas;
flores que saben lo que no sabré,
flores que ensartan su sueño de vida en guirnaldas sin fe.
Flores de sábanas con ojos,
flores desechables.
Campanillas del antojo.
Flores sin primavera ni estación.
Flores comiendo sobras del amor.
Flores nocturnas (Silvio Rodríguez).
Como es apreciable, aun la imagen de la recurrente comparación de la mujer con la flor no evita en este caso la dureza de la situación que la canción trasmite. “El autor logra combinar acertadamente la idea de la juventud, lo efímero y la belleza legada por los clásicos literarios, con una enumeración contextual que persigue la creación de un ambiente de sordidez, más que enfatizar en el motivo mismo.”, escribe en su trabajo Mujer, flor y canción en Cuba, la filóloga Liliana Casanellas Cué, en el libro En defensa del texto.
Hay también algunos acercamientos a esta temática desde un tono algo más satírico. Si miramos un poco piel adentro de esos personajes y sus razones, las canciones rozan por igual la risa que la amarga ironía y la dolorosa crudeza de ciertas situaciones de nuestra realidad. No obstante, hasta cuando hay crítica, cuando se juzga y se desaprueban acciones o rasgos del personaje, todavía hay una frontera que impide el paso a la grosería o la ofensa. La protagonista, sus contextos y comportamientos, son utilizados como piezas que arman retratos mayores. Es la imagen de las causas lo que en verdad se revela desde estas estrofas. Por tanto, son las causas, y no sus víctimas, lo que debemos combatir y resolver.
En ese caso podemos mencionar la siguiente canción de Erick Sánchez. La obra se refiere a un fenómeno social como el de las emigraciones desde el interior hacia la capital, o hasta otras capitales si es posible, en busca de estatus mejores. Según describe la letra, tales progresos se logran al precio de asumir relaciones a conveniencia, de matrimonios y residencias a toda costa, o de cualquier otro acto de negociación amorosa o carnal con quien fuera necesario, autoridades incluidas.
Annita la pinareña, Annita la pinareña,
dice que esto aquí en La Habana es la novela brasileña
y vino huyendo del fango y de los fogones de leña.
Annita la pinareña está de paso en la ciudad
aspirando a que le den la residencia temporal.
Dice que esta es una tierra que no ensucia el calcañal,
que no es lo mismo bañarse en la piscina que en la presa,
que está lejos de su casa, pero no siente tristeza.
Annita la pinareña, Annita la pinareña,
si la ve la policía le piden la contraseña,
y ella que no es tan bobita seguro que se la enseña.
Annita la pinareña, monumento sin igual,
llegó para postularse a reina de la capital.
Dice que pa’ Candelaria ya no piensa regresar,
que como lo dice el nombre eso pa’ allá está en candela,
y aquí de 5ta avenida va a pie hasta La Coronela.
Annita la pinareña, Annita la pinareña,
siempre da la explicación de que la trajo la cigüeña,
y sabe que no hay problema porque es tremenda trigueña.
Y te propone lo matrimonial,
y si te engancha no te va a soltar,
y cuando saque las garras será letal.
Annita la pinareña, Annita la pinareña,
lo que todavía no ha visto seguro que se lo sueña,
si la metes en tu casa ahí termina siendo la dueña.
Annita la pinareña es la anestesia general,
con una sola mirada te puede paralizar,
es peor que un lanzallamas de la guerra de Vietnam,
y cuando le vaya mal ella va a meterse a enfermera,
y en misión humanitaria va echando pa’ Venezuela
Annita la pinareña, Annita la pinareña,
coge su retrato hablado que te estoy dando la seña.
Annita la pinareña, Annita la pinareña,
que vino huyendo del fango y de los fogones de leña.
Annita la pinareña, Annita la pinareña,
que sabe que no hay problemas porque es tremenda trigueña,
que sabe que no hay problemas porque es tremenda trigueña.
Annita la pinareña (Erick Sánchez).
Por su parte, Yolo Bonilla, en la canción Solidaria, desde el recurso de la humorada, el absurdo y la exageración, describe esa misma emigración de campo a ciudad, esas mismas relaciones, pero ya en el ámbito de la asumida venta carnal. El negocio busca el nada oculto fin de ubicaciones geográficas y económicas mejores, preferiblemente en el Viejo Mundo o en cualquier mundo, viejo o nuevo, pero sí de ultramar. El estribillo apunta:
Esa es mi chica, mírala pasar,
con ese andar que marea,
brindando apoyo y solidaridad
a toda la Comunidad Europea.
Solidaria (Yolo Bonilla).
En ambos temas, aunque no deja de criticarse velada o abiertamente el hecho descrito, la protagonista es más bien el pretexto, el personaje utilizado para tocar esas zonas sensibles. El humor atenúa de algún modo la ocurrencia de esas situaciones y desplaza las miras, no tanto para enjuiciar esos personajes femeninos, como hacia las causas y contextos que provocan tales comportamientos.
No obstante, ya que la canción es también música y gesto, puede decirse que las dos obras son parte de ese habitual choteo cubano que comúnmente desplegamos como una suerte de popular análisis, y hasta como defensa, sobre las cuestiones que nos afectan. Choteo que, por supuesto, no equivale a simple burla, ni es lo mismo que el chiste cruel y ofensivo. Resulta más bien un afluente más en ese modo muy criollo, enraizado en nuestra identidad, de tocar asuntos muy serios desde posturas más cercanas al humor. Por obvia lógica, no agotan ni pueden abarcar todas las aristas de un fenómeno.
Además, en el caso de las dos canciones, se percibe el matiz amargo que ronda detrás de la ocurrencia de tales fenómenos. La dolorosa certeza de que personajes semejantes pueden existir en la vida real emerge desde los textos. No son esos los modelos que desearíamos para las mujeres, ni en esta Isla, ni en ninguna parte, Después de tanto luchar porque el amor no sea ni pecado ni inmoralidad, sino alto y libre, el regresarlo a su condición de precio en dineros, a su rostro de negocio, es como cortar de tirón todas sus alas y volver inservibles todas las historias y luchas anteriores.
Veamos otra visión, quizás de una venta diferente, y del posible destino de quienes la asumen.
Cobrando el deseo,
su cuerpo ejercía
como el pasaporte de sus ambiciones;
y en la cacería
de sus posiciones,
razones de amores
no la detendrían.
El tiempo gastaba
llenando su cofre
y su alma moría
Yo llegué a su historia
cuando parecía
que podía darle lo que le faltaba;
pero yo soy poco,
si se quiere todo,
y por más que diera
nunca le alcanzaba;
su alma no se llena
de alcancías vacías,
ni de intenciones buenas.
Y escapó de las llamadas del amor;
se perdió poniendo precio a su querer;
hoy no alcanzan las riquezas,
posiciones, ni promesas,
pa´ curar la soledad de esa mujer.
Y escapó de las llamadas de mi amor;
se perdió poniendo precio a su querer;
y hoy no alcanzan las riquezas,
posiciones, ni promesas,
pa´ curar la soledad de esa mujer.
La soledad de esa mujer (David Torrens).
Como se ve, incluso el dolor de sentirse rechazado por expectativas menos cercanas al cariño y al espíritu, y más pendientes de bolsillos y tronos, no deja lugar a los resentimiento y al burdo despecho. Más bien se contempla con pena, con cierta compasión, el destino de soledades que aguarda a quienes intentan relegar el sentir y tasarlo en cifras. La canción, más que una muestra de desprecio a esta mujer, es como una dolida alerta, no exenta de pena, de los posibles precios a pagar por algunas recompensas.
Otro tema, que toca de manera directa el fenómeno de la prostitución, lo compone ese excelente trovador que es Pedro Luis Ferrer. Más que el simple retrato posible de una meretriz, la canción es quizás un amplio mosaico con múltiples colores y situaciones dentro de un solo cuadro. Se trata de una visión controvertida, como todo criterio sólido, serio y cuestionador, que se introduce con profundidad en diferentes aristas del fenómeno. Entre ellas, están el tratar de revelar algunas de las posibles causales que lo provocan y algunas de las maneras en que se enfocaron y asumieron en su resurgir estos sucesos. De hecho, llega hasta intentar describir la esencia de dolor y sordidez que muy posiblemente traen en su adentro las historias individuales de aquellas que escogen el camino del amor con precios. Todo, además, logrado desde una hermosa poesía, a pesar de lo oscuro y difícil del asunto. Un texto escrito lejos de cualquier vulgaridad, de cualquier impertinencia o facilismo y sin rozar siquiera un calificativo peyorativo a la mujer eje de la historia.
Marucha la jinetera
tiene un dolor en el alma:
Le duelen las azucenas
que le huyeron de la infancia.
No es justo que se le nombre
como una mala palabra.
En su culpa de dinero,
en los dólares que cambia,
en su cruz de jinetera,
hay menos risa que lágrima.
Marucha, la que se acuesta
por un poco de elegancia,
es tal vez una tristeza
que muy poco se nos clava.
Marucha la jinetera
tiene un dolor en el alma:
Le duelen los girasoles
que le huyeron de la infancia.
No es justo que se le nombre
como una mala palabra.
Demasiado nos creímos
el lema de la confianza;
pues lo que quisimos ser,
el paraíso del alba,
el palacio del crisol,
el pueblo sin una mancha,
Marucha nos lo derriba
como una sencilla fábula.
Marucha la jinetera
tiene un dolor en el alma
le duelen los caracoles
que le huyeron de la infancia.
No es justo que se le nombre
como una mala palabra
Marucha, la que violaron
cuando apenas despuntaba;
la que jugó sin muñecas
y en alcohol se despertaba.
La del padre abusador
con su madre y sus hermanas.
La misma de la prisión
que alimentó marimachas.
No me hablen, pues, de su culpa,
pues si de culpa se trata,
la peor fue de nosotros
que decidimos negarla.
Y en ese ilusorio empeño
no le tendimos palabra
Marucha la jinetera
tiene un dolor en el alma:
le duelen las azucenas
que le huyeron de la infancia.
No es justo que se le nombre
como una mala palabra.
Marucha la jinetera (Pedro Luis Ferrer).
Como resulta obvio, el limitado espacio de unas estrofas no puede contener todas las razones, todos los argumentos, todas las soluciones. A veces, hecho que casi ha acompañado a los trovadores desde siempre, se tiende a ver animadversión en la crítica. Se puede pecar de silencio ante determinado señalamiento en una canción, que al fin y al cabo, como buena parte del arte, no es más que un reflejo de las realidades. Aquí el autor prefiere desenterrar las abundantes oscuridades, más que las siempre a la vista aparentemente fáciles recompensas, que pueden acompañar, antes, durante y después de ejercer la prostitución.
Sin embargo, escuchando este tema de Pedro Luis, una frase del Maestro, nuestro José Martí, nos regresa insistente a la mente. Decía el Apóstol que quien pretendiera mejorar a la humanidad “no ha de prescindir de sus malas
pasiones, sino contarlas como factor importantísimo, y ver de no obrar contra
ellas, sino con ellas.” Justamente, el sacar a la luz estas malas pasiones y sus plurales causas y consecuencias, aunque duela saberlas y aceptarlas, es el camino que recorre esta canción. Más que censuras o críticas, la obra merece respeto. En tanto alumbra los lugares que recorre, constituye un afilado llamado de alerta. En verdad es un duro retrato, porque refleja y desnuda con crudeza un fenómeno social complejo y doloroso. Pero, a la vez, al revelarlo también intenta buscarle remedio.
Quizás haya muy pocas como esa obra de Pedro Luis, que ejemplifiquen de tan buen grado las maneras de la Nueva Trova para tocar problemas agudos, sin perder sus esencias y desde un altísimo rigor poético y de análisis de los fenómenos. Al mismo nivel, habría que mencionar además a Santiago Feliú. Con hondura, seria reflexión e incuestionable belleza, incluso en un asunto tan escabroso, es otro de los compositores que se ha acercado a estos temas.
Quien se interese en su obra, notará que Santiago es un poeta que maneja cierto grado habitual de complicación en sus metáforas, hasta con algo de hermetismo a ratos. Valga aclarar que lo hace siempre con muy efectivos resultados y con textos alejados de toda complacencia o facilismo. Sin embargo, en esta ocasión acude a una claridad casi prístina. La solución poética, la descripción del hecho, es una de las mejor cristalizadas que conocemos a la hora de reflejar una de las muchas aristas de la prostitución. Se trata de una canción escrita antes de la situación económica que hiciera emerger de modo notable en Cuba el fenómeno de los amores negociados y pertenece al disco Trovadores, de 1986. A pesar de que describe una situación de otro país, es evidente que con solo cambiar el nombre geográfico y algunos elementos de la escenografía, podría corresponder perfectamente a cualquier sitio, sin perder ni su validez, ni sus esencias, ni su valor en el tiempo. Veamos:
Se le ve en la madrugada muy sola y helada,
con cara de desengaño, con ojos de daño
que sembraron en su cuerpo.
Todo el mundo la conoce, su aspecto bien dice.
Unos miran con tristeza, otros la maldicen
y ella sale a su fortuna.
Su fortuna, buena suma de soledad y angustia
que le da la muchedumbre,
desesperada y mustia,
mientras tanto da su lumbre
Así, sin sentir, le paga al mundo su vivir
y va olvidándose de lo que quiso ser.
Ya no tendrá su amanecer
porque está condenada a probar su suerte de madrugada;
con esa triste cruz está bautizada.
Su cara de luna rota, desnuda y desolada,
es farol de las esquinas de la Alcalá mojada.
Nadie mira su mañana.
Todo se torna sencillo, es un oficio antiguo;
cada cual con su castillo de oro o de martirio:
¡Buena suerte no hay pa´ todos!
Y así, con desamor, Madrid cobija su dolor;
y quién preguntará lo que soñó una vez;
si lo que importa es el placer
que cada madrugada vende a la gente desesperada,
para pagar su suerte y pensar en nada,
para no pensar en nada.
Se le ve en la madrugada,
tan sola y helada...
Luna rota (Santiago Feliú).
En este caso hay varias razones a tener en cuenta. En primer término, está la descripción de esta meretriz, su entorno y las visiones sobre ella. Luego transcurre la reflexión acerca de cuáles hubieran podido ser su futuro y sus sueños, que ahora ya no importan. Se subraya entonces esa resignación de que no le tocó la buena suerte, sino el martirio. Cada una de esas ideas, en suma, apuntan más a lo humano, a lo profundo. Los versos acentúan la certeza de que esa mujer, más allá de su antiguo oficio ahora repetido, actual, es alguien con un porvenir alguna vez imaginado que de seguro no hubiera querido fuera como su realidad de cada madrugada. Es una persona con una vida interior, de seguro mucho más allá que la simple mercancía en que se torna cada noche.
Santiago Feliú devela una imagen femenina mucho menos agresiva y con destaque de su faz más humana, a pesar de la realidad donde se mueve. Como sucede en otras canciones, aquí la ubicación del personaje, su elección, su vida, es consecuencia de muchas otras y complicadas aristas. Basta analizar los argumentos que utiliza el autor para describir toda la situación que narra el tema. Así aparece la afirmación de que la búsqueda del sustento trae aparejado también un precio en soledades y en angustias. Su labor le provoca ser incluso maldecida por algunos y compadecida por otros. Debe sufrir a diario por esos ojos de daño que han sembrado en su cuerpo (Silvio, años más tarde, dirá en su tema, flores de sábanas con ojos). La fuerte carga dramática de la música, acentúa la intención del autor de describir el entorno frío y desolador y no tan cercano a la fiesta y a la celebración nocturna que pudiera inferirse de los habituales estereotipos con que se retrata a las meretrices. Tal como en el clásico mito de la sonrisa pintada del payaso, que esconde la verdadera tristeza de su cara, tras la supuesta alegría y placentero festín que en apariencia son inherentes a la tarea de esta mujer, se esconde también un mundo donde, a pesar de sus luces, también medran la oscuridad y la pena.
Tal ocurre en el buen arte, la canción puede incluso remitirnos a lo que no ocurre dentro de su espacio, sino a su antes y a su después. ¿Qué sucesos precedieron a esta madrugada? ¿Qué eventos, casualidades o desgracias han traído a esta mujer hasta aquí? ¿Cuál será el futuro que le toca? Reflexiones que aunque no nos ofrezcan quizás soluciones, sí logran que al menos nos detengamos a pensar con sensibilidad sobre el asunto.
A modo de muy parcial conclusión, cabe decir que se trata de una cuestión harto complicada. Son múltiples las razones que pueden llevar a una mujer a ese destino y muchos los ángulos a evaluar antes de juzgar estos actos. Es preciso ponerse en sus lugares. Hay que pensar en cómo se siente en tal postura y qué idea sobre sí misma puede tener (por encima de qué idea pudieran tener los demás). Los caminos a lo ocurrido antes y después del momento que la canción refleja, también insinúan argumentos a tomar en cuenta. Como es notable, las obras analizadas ofrecen toda una gama de opciones a considerar a la hora de analizar la prostitución. Y muy diversos prismas para mirar a la mujer que gravita en el centro de dicho fenómeno.
Es preciso, además, no acallar o escamotear de la difusión y la opinión pública tales puntos de vista, ni censurar estas canciones, incluso cuando abordan temas tan escabrosos y sensibles. Porque, diría otra vez José Martí, “si es noble decir la verdad, lo noble es decirla toda. Ocultar la verdad es delito; ocultar parte de ella, la que impele y anima, es delito.” Enfrentar estas cuestiones, divulgarlos y buscarles soluciones, siempre serán mejores y más útiles actos que la negación, el silencio o el simple rechazo. Develar un problema, intentar su disección, su retrato, es, en buena medida, el primer paso en el camino de intentar remediarlo.
Los textos literarios se publican siempre en su idioma original, el español.
Con voz y voto
El libro Trovadoras, de entrevistas, tuvo una génesis compleja. El texto original constaba de dos amplios ensayos y de esa serie de entrevistas. El origen de todo fue un concurso de ensayo, que convocaba la Editorial Oriente. Una mañana, la escritora y profesora Aida Bahr, por entonces directora de la entidad, me llamó para comunicarme que no había ganado el premio. Ante mi estupor, pues esa amabilidad para con los que no ganan no es nada usual, me anunció el deseo de la editorial de publicar las entrevistas que acompañaban los dos ensayos. En esos tres textos, desde mi voz y desde la voz de muchas de las propias protagonistas, se contaban algunos de los milagros y vidas de la trova femenina cubana.
Esa noticia trajo a la vez una alegría, pues la posibilidad de un nuevo libro es siempre una alegría, y también la duda. Publicar las entrevistas, solas, significaba desmembrar el libro y dejar un poco al garete los dos ensayos, en un para luego que siempre se hace muy largo en mi país. El maestro Eduardo Heras León, ante mi vacilación, despejó las interrogantes. Publica, publica siempre que haya oportunidad, me dijo entonces. Incluso me dejó caer una idea, de consuelo pienso yo, pero que he hecho alzar como profecía para alguna vez. A lo mejor en tus obras completas, me dijo el Chino Heras, lo puedes publicar todo junto. Pero, por ahora, publica las entrevistas, siempre será un libro más, me aconsejó.
Así lo hice. Aunque, como temía, los dos ensayos quedaron navegando un tanto al pairo, a su suerte. Unos años después, la Editorial Capiro, a pesar de lo exiguo de la tirada impresa, cumplía la mitad de mi deuda para con esos dos textos. Convertida en canción. La imagen de la mujer en los textos de la Nueva Trova, se publicaba al fin. El otro, sigue todavía espera.
El ensayo recorría algunos de los temas, reflejos, aportes, retratos, de la mujer que protagoniza un sinnúmero de canciones trovadorescas. Fruto de largos estudios, y placenteras escuchas, saldaba también ciertas cuentas con mis años de estancia en la Editorial de la Mujer. Ese trabajo lograba unir mi habitual tema de estudio, la trova cubana, en especial la Nueva Trova, con el aprendizaje (todavía no concluido ni cerrado) de los saberes de género. Esa zona del saber, todavía puede aportar más.
Por lo pronto, se publicaron estas entrevistas y se puso en un primer plano la voz de varias importantes creadoras cubanas. Además de heroínas femeninas en mi literatura, también hay mujeres sacadas de las cuerdas y versos de las canciones. Como dije en alguna entrevista, si el sitio de las mujeres en la sociedad se hace mejor y más alto, y las canciones, el arte, también pueden poner el hombro para contribuir con esto, mejor y más alta se hace la sociedad toda.
El otro ensayo y, por qué no, esas obras completas donde se junten los tres textos alguna vez, se mantienen alertas, esperando, pero en camino. Mientras tanto, hay entrevistas que cantan.
A. López Sánchez